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domingo, 18 de noviembre de 2012

La Autoridad en los Padres que Genera Prestigio Ante los Hijos


El primer requisito para tener autoridad es ejercerla día a día. Como cualquier actividad, si no se practica se pierde. Los padres hemos de tomar decisiones diarias que ayuden a nuestro hijo a respetar los límites naturales, que le ayuden a madurar como persona. 

La permisividad y el "dejar hacer" son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer. En segundo lugar es necesario huir del autoritarismo, consistente en el ejercicio del poder de modo injusto, inútil y cuando no se debe. En tercer lugar, para tener autoridad es preciso tener prestigio. Una persona tiene prestigio cuando se le reconoce una habilidad o cualidad determinada. Un estudio de la Universidad de Navarra comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del carro que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores fundamentales:

  • Del modo de ser: Generosa, serena, optimista, humilde, emocionalmente estable, coherente en torno a lo que dice con lo que hace.
  • Del modo de trabajar: El hijo exige de sus padres un trabajo de calidad y un comportamiento honrado en su actividad laboral.
  • Del modo de tratar a los demás: Tanto a la familia como a los amigos y compañeros, o a la sociedad en general.
  • Por último, no hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición.
Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

  • La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices. 
  • Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del (no). El no es in-negociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.
  • El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.
  • Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también. Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".
  • Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.

    Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

  • No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.
  • No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
  • No escuchar. Dodson dice en su libro “El arte de ser padres” que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.
  • Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya! Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.
Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

  • Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
  • Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
  • Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.
  • Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.
  • Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.
  • Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.
  • Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.
  • Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.
Es importante considerar al momento de trasmitir el mensaje educativo (las normas, lo que esperamos del niño) que deben tener presente dos componentes básicos: El primero es la percepción, cuya eficacia depende de su claridad, redundancia y coherencia, y mediada por el nivel de desarrollo cognitivo del niño por lo que no podemos esperar una compresión igualmente precisa en todas las edades. Y por ultimo, la aceptación que depende del clima de armonio familiar

Sergio Villani
Psicólogo Infantil Valencia Estado Carabobo
Instituto de Especialidades Quirúrgicas IEQ Valencia piso 7 consultorio 701
(0424) 831 22 42 (sábado de 8am a 2pm)

Guía para padres: Modelos de Crianza


Por Sergio Villani

Guia para padres

Tenemos que partir de la base que la relación entre padres e hijos en edad de educar no es una relación de igualdad, sino jerarquizada. Un padre es un adulto al que se le supone una sabiduría que nuestro hijo no tiene. Los niños, hasta la adolescencia, tienen una gran capacidad para aprender datos y conocimientos, pero no tienen sentido común para afrontar muchas situaciones de la vida diaria. Hemos de ser nosotros, los padres, quienes pongamos los límites a su libertad individual para protegerlo y ayudarle en la construcción de su personalidad. Igualmente debe ser un adulto quien le obligue en ocasiones a realizar una tarea que en principio no le apetece pero que a largo plazo supondrá un gran bien para él. Somos los padres quienes hemos de tomar decisiones por él para evitar males mayores que afectan además a otras personas, como compañeros y profesores. Fernando Savater dice "el padre que no quiere figurar sino como el mejor amigo de sus hijos, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; y la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija, tampoco sirve para mucho más".
Existen tres tipos de estilos de crianza:

estilos exitosos de crianza:


Padres Permisivos
(Inadecuado)

Padres Autoritarios
(inadecuado)

Padres Democráticos
**Lo deseado**

Se evita hacer uso del control, se utilizan pocos castigos no se exige nada al niño, los padres se muestran en exceso tolerantes y tienden a aceptar positivamente todos los impulsos del niño. Este estilo es una fábrica de diminutos dictadores que dominan a sus padres con continuos caprichos.

Mantienen un control restrictivo y severo con empleo de castigos físicos, amenazas verbales y prohibiciones continuas. Su afán de control les impide reconocer las necesidades, opiniones e intereses del niño. 

Explican a sus hijos las razones del establecimiento de las normas. Reconocen y respetan su individualidad. Les invitan a negociar mediante intercambios verbales y toman decisiones conjuntamente con sus hijos. Presentan más tendencia a promover comportamientos deseados (positivos) a los niños que a inhibir conductas no deseadas. Controlan y restringen el comportamiento de su hijo mediante normas y limites claros de modo coherente y según las necesidades y posibilidades de ellos.
En el marco de los objetivos de una socialización eficaz se tiene la obediencia y el respeto. Han sido siempre consideradas como evidencia de una adecuada educación durante la infancia pues se pensaba que el cumplimiento de la norma indicaba su aceptación. Sin embargo, el niño puede obedecer a la norma por dos razones:

  • Porque desea evitar los castigos o recibir una recompensa. La norma se acepta solo de forma aparente. La norma esta “afuera” porque la motivación para adecuarse a ésta proviene de agentes externos (padres, profesores) y cuando las figuras de autoridad no están presentes la norma pierde vigencia.
  • Porque asume la norma como propia. La aceptación de la norma no es aparente, sino real. La norma esta “adentro” y la motivación para cumplirla proviene del propio niño.
Sergio Villani
Psicólogo Infantil Valencia Estado Carabobo
Instituto de Especialidades Quirúrgicas IEQ Valencia piso 7 consultorio 701
(0424) 831 22 42 (sábado de 8am a 2pm)

jueves, 1 de noviembre de 2012

ENSEÑEMOS A LOS PEQUEÑOS A RECICLAR


Miguel A. Roa, maestro en un centro de educación primaria, valora la importancia de inculcar a los niños desde pequeños una formación en materia de reciclado. “Trabajar la separación de los residuos en el colegio supone que los niños impliquen también a sus padres en el proceso de separación y reciclado”.
Roa añade que “las actividades que realizamos van encaminadas a que, desde el centro educativo, se enseñe a los ciudadanos a respetar y proteger el medio ambiente y a que adopten métodos y pautas de consumo que conduzcan a un desarrollo sostenible”.
En este sentido, las actividades que suelen realizar son, por ejemplo, poner en clase un cubo específico para tirar el papel usado, llevar a los alumnos de excursión a una planta de reciclado para que vean en qué consiste este proceso o nombrar vigilantes del reciclado, que ayudarán a otros compañeros a distinguir y separar los diferentes tipos de residuos que se generan en el colegio.
Por supuesto, desde casa también es bueno que vayais enseñando a los pequeños maneras eficientes y sencillas de reciclar, y que te vean cundir con el ejemplo.
EL SUPRARECICLAJE:
Cada vez son más los consumidores y los artistas que crean objetos originales a partir de otros que ya no se utilizan. A este proceso se le conoce con el nombre desupra-reciclaje (traducción del inglés, upcycling) y básicamente consiste en transformar un residuo u otra clase de objeto que ya esté desfasado en uno nuevo que tenga utilidad.
Por ejemplo, es bastante frecuente encontrar en las tiendas camisetas que han sido realizadas a partir de botellas de plástico. También son comunes las esculturas hechas a base de latas o los mosaicos con restos de revistas. Incluso hay firmas de moda y complementos que están especializadas en dar a las prendas de temporadas anteriores un aire nuevo y actual.
El hecho de reutilizar aquellas cosas que estaban destinadas al cubo de la basura supone un ahorro económico y le aporta un valor añadido a objetos que habían caído en desuso. Al mismo tiempo, le hacemos un favor al medio ambiente y, con ello, a nosotros mismos.

martes, 30 de octubre de 2012

MALTRATO INFANTIL: NIÑOS INVISIBLES



Como sabrán todos nuestros lectores habituales, en Amor Maternal estamos en contra de cualquier tipo de maltrato, incluyendo obviamente el castigo, bien sea físico o no. A pesar de estar prohibido en muchos países, el castigo físico aún sigue siendo socialmente aceptado como una manera de "disciplinar" a los niños, de educarlos, corregirles, o enseñarles. Existen numerosos estudios serios al respecto, y todos demuestran los daños a corto, mediano y largo plazo de los castigos.

Gracias a Cristal Palacios, una amiga psicóloga, hemos conocido el siguiente video, realizado por UNICEF en contra del maltrato infantil. Se trata de un niño, al cual vemos jugando solo en su habitación, confeccionando algo con cartón, recortándolo, midiéndoselo, pintándolo con esmero. Finalmente, cuando está casi lista su obra, y dejando al espectador sin saber de lo que se trata, el niño oye las llaves y sabe que alguien ha llegado a casa. En la siguiente escena, vemos la cara de terror del niño, su manera de hacerse invisible, y a su padre entrando de mala gana a su habitación. Finaliza con la frase:
Hay niños que juegan a ser invisibles, NO a los gritos, insultos y golpes, con violencia no se arregla nada.
Por favor, pongamos fin a todas las formas de maltrato infantil, desde las más sutiles, hasta las más notorias. Si sientes que a menudo pierdes los estribos y te desbordas con tus hijos, si cuando eras niño te gritaban, insultaban, etiquetaban, o golpeaban, busca ayuda. Desahógate con prácticas sanas. Una manera de hacerlo puede ser acudiendo a consulta con un psicólogo, participando en grupos de apoyo de madre a madre, haciendo yoga, meditación, y por encima de todo, siendo empáticos, recordando en todo momento que tu hijo es buena persona, que no tiene la culpa de tus problemas, que depende enteramente de ti, que te ama, y que cuando hace un berrinche, o pide algo, no es por tomarte el pelo, es porque necesita tu atención.


 


Un sencillo ejercicio que podemos hacer para volver a un estado de empatía con nuestros hijos, y de hecho con todas las personas que tenemos alrededor, es el de ponernos en sus zapatos.  Imagínense ustedes que sus hijos les hablaran de la misma manera en la que les hablan ustedes ¿Qué sentirían?

Hace mucho tiempo vi este cortometraje, de origen griego, que me tocó el alma... (está subtitulado en castellano e ingles). Se titula "What's that?" / "¿Qué es eso?"




Creo que la empatía es la base para lograr una relación horizontal, de igual a igual, con los demás, en lugar de una vertical, de autoridad; porque después de todo, creo que los padres aprendemos tanto o más de los hijos, que ellos de nosotros :)

¿Qué les han parecido los videos? ¿Y ustedes qué estrategias usan para mantener la calma y tratar con respeto a sus hijos?


Leer más: amormaternal 

EFECTOS A LARGO DEL CASTIGO A NIÑOS



Cuando hablamos de la crianza de niños pequeños, la disciplina es uno de los temas que más preocupa a los padres. Creemos pertinente acotar, como hemos comentado ya en anteriores ocasiones, que en Amor Maternal, estamos en contra del castigo, sea físico o no. Lamentablemente, mucha gente aún no tiene claras las (inmensas) diferencias entre la crianza con castigos, o autoritaria, que muchas veces utiliza métodos de adiestramiento, la crianza respetuosa, y el laissez-faire, dejadez, o permisividad con los hijos.

A mi parecer, la crianza respetuosa constituye el equilibrio, permitiendo al niño suficiente libertad para desarrollarse, aprender a través de su curiosidad, y de las consecuencias naturales de sus actos, a la vez que le proporciona el sustento y la contención que tanto necesita. Enseña a través del ejemplo, desde el respeto y la empatía, ¿existe acaso una mejor manera de aprender? En un artículo anterior, hemos mencionado el tema de los límites, comentando que los niños poseen límites naturales, y que muchos de los libros o métodos de crianza que buscan enseñar a los padres "a poner límites" a sus hijos, sugieren prohibiciones y restricciones muchas veces arbitrarias cuyo único fin es el de establecer quién manda a quién, el de marcar la figura de autoridad en la relación materno-filial (o paterno-filial).

En cada uno de los extremos, a mi parecer igual de perniciosos los dos, se encuentran formas opuestas de maltrato, una por abandono, y otra por excesivo afán de controlar todo lo que hace, dice, y desea el niño, como muy bien lo explica Elena Mayorga, en su excelente artículo sobre el tema, publicado en la Revista Mente Libre.

A pesar de ello, algunos padres, e incluso profesionales de la salud, aún insisten en que el castigo físico es una medida efectiva de disciplina.

En relación a este tema, la revista Pediatrics, ha publicado un nuevo estudio en el cual investigadores de la Universidad de Tulane han demostrado con muy rigurosa evidencia, datos que prueban que el castigo físico hacia los niños, los hará considerablemente más propensos a presentar comportamientos indeseados a largo plazo. De los casi 2500 niños estudiados en la investigación, casi todos los que fueron golpeados frecuentemente a la edad de 3 años, presentaban conductas agresivas a la edad de 5 años.

El estudio fue conducido por Catherine Taylor, una profesora de ciencias de la salud pública, quien se hizo cargo de los controles. En éstos,  interrogaba a la madre para determinar la presencia de alguno(s) de los siguientes factores predisponentes: 
  • Depresión, 
  • Nivel de estrés,
  • Consumo de drogas y/o alcohol, 
  • Violencia de género o antecedentes de violencia familiar, 
  • Incluso tomó en cuenta si la mujer consideró o no abortar al niño estudiado, mientras lo gestaba. 
Aún habiendo controlado todos estos factores, cada uno de los cuales puede contribuir con la agresión infantil, el castigo físico seguía siendo un fuerte predictor de comportamientos violentos por parte de los jóvenes.

La profesora concluyó que la probabilidad de que un niño sea agresivo a los 5 años, era 50% mayor, si el niño había sido golpeado más de 2 veces durante el mes anterior al interrogatorio. La conclusión mantenía su validez, incluso luego de haber tomado en cuenta las variaciones naturales que pueden presentarse en los niveles de agresión entre un niño y otro.

Se estudiaron madres y sus hijos a los 3 y 5 años de edad, en 20 ciudades, de los cuales 45.6% reportó no haber levantado la mano a sus hijos de 3 años durante el mes anterior, 27.9% reportó haberles golpeado una o dos veces durante ese mes, y el 26.5% reportó haberles castigado físicamente más de dos veces durante el mes anterior al comienzo del estudio. Al interrogarlos nuevamente a los 5 años de edad, el grupo que había sido golpeado tenía un mayor porcentaje de niños con los siguientes comportamientos:
  • Demandaban satisfacción inmediata de sus necesidades y deseos, 
  • Mostraban comportamientos desafiantes o amenazantes,  
  • Tendían a frustrarse con facilidad, 
  • Presentaban rabietas, 
  • Propensión a gritar, pelear, discutir, 
  • Tendencia a ser crueles, a hacer bullying,  
  • Comportamientos físicamente agresivos y destructivos hacia otras personas, animales, u objetos, en comparación con los niños que no habían sido castigados físicamente.
La razón tras estos hallazgos es probablemente que el castigo físico inicia un ciclo vicioso de comportamientos negativos. El castigo físico genera miedo en lugar de comprensión. El hecho de que un niño detenga lo que estaba haciendo cuando es abofeteado, no quiere decir que haya comprendido por qué no debería comportarse de esa manera. Aunado a esto, las bofetadas y demás castigos físicos dan a los niños un mal ejemplo, enseñándoles que los comportamientos agresivos son una solución viable a los problemas y conflictos.

¿Seguro que ese es el ejemplo que quieres darles? ¿Nos ayudan a hacer una lista de formas positivas y respetuosas de disciplina?

Más información sobre el castigo físico:






Foto © Con Tanasiuk/Design Pics/Corbis


Leer más: amormaternal 

CRIANZA NATURAL: RABIETAS Y BERRINCHES



El tema que hoy nos atañe es cómo afrontar las rabietas desde el punto de vista de la crianza natural, es decir; de un modo respetuoso hacia el niño. Hablaremos concretamente de qué podemos hacer los padres para evitar los berrinches o pataletas, y de qué manera podemos actuar si estas se presentan. Tras una muy enriquecedora conversación con nuestros lectores en Facebook, hemos recopilado una buena lista de recomendaciones al respecto, y las hemos detallado en el siguiente video.

Llegamos a la conclusión de que es más fácil evitar una rabieta, y que para ello hay varias cosas que podemos hacer, entre las cuales dar libertad a nuestros hijos, obviamente dentro de lo sensato, ser flexibles, empáticos, comprenderlos, ponernos en su lugar, y ser creativos.

Si ya nos hallamos en medio del berrinche, lo primero que debemos hacer es mantener la calma, no pensar en el qué dirán porque por más público que sea el sitio y sin importar quién, ni cómo nos están mirando, todas las personas que tienen hijos en algún momento han sido testigos de una rabieta. En caso de que no los tengan, muy probablemente habrán tenido alguna ellos, siendo niños, así que no debemos perder tiempo en pensar que nos estarán juzgando como padres. Vale la pena tener en cuenta, que contrario a la creencia popular: las rabietas no son situaciones en las que el niño "nos toma el pelo", simplemente es la manera que tiene de autoafirmarse y diferenciarse de mamá y papá, y en ocasiones, cuando no dispone de más recursos, de expresar su frustración ante un hecho. 

Resulta útil intentar distraer al niño, ofrecerle alternativas, buscar un punto medio, soluciones creativas, proponer tratos, o intervenir físicamente tratando de cambiar el equilibrio energético de la situación. Una manera de lograr esto es mediante un abrazo, si al niño le apetece, o bien sentándonos o acostándonos en el suelo.

Por último, recordar que la paciencia es indispensable, y que las rabietas forman parte de una etapa, que como todas las demás de la infancia, pasará.

Sin más preámbulo, el video recopilatorio que hemos realizado, esperamos que les sea de utilidad...


Cuéntanos... ¿Tus hijos tienen rabietas? ¿En qué situaciones? ¿Cómo logras evitarlas? ¿Algún consejo para cuando estamos en medio de un berrinche?

Otros artículos sobre rabietas:

Rosa Jové: "Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite." 

Ser Mamás: Terrible Twos

Nace una Mamá: Dodot, las rabietas y lo que no hay que hacer

Foto  © Ned Frisk Photography/Corbis

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jueves, 18 de octubre de 2012

EL RESPETO A LOS HIJOS EMPIEZA POR UNO MISMO

por  Esther Vásquez


Tuve mi primer hijo a los 33 años y una princesa hermosa a los 37. Me ha tocado criarlos en un mundo bombardeado por una cantidad de información que va desde inspiraciones espirituales como niños índigo y cristal, pasando por las recomendaciones del Dr. Benjamin Spock hasta la tendencia más reciente sobre la crianza respetuosa.

Pasé por supuesto por aquella etapa de empezar a ver a las otras madres, conversar en cualquier sitio y tratar de aprender lo que no sabía y chequear si no estaba equivocada en lo que hacía: ¿es la comida la adecuada? ¿Soy muy o poco controladora? etc.

Con el tiempo comencé a observar cómo crecía una generación de niños criados por padres muy preocupados por darle una crianza respetuosa a sus hijos y con grandes sentimientos de culpa cuando no les daban a sus hijos el trato que se esperaba de ellos. Esa culpa en cada padre siempre me intrigaba sobre todo porque cuando hablaba con muchos se sentían así por actuar como cualquier ser humano común y corriente.
respeto-padresUn padre no debería sentir culpa eterna por un mal momento con su hijo a causa del estrés de un día de trabajo. Lo más importante es que sepa acercarse a su hijo, ofrecer disculpas y dejarse ver como es en toda su expresión, analizando juntos lo que pasó, cómo pueden superarlo y qué pueden aprender de ello. Nuestros hijos no pueden crecer dándole la espalda a la dimensión humana de sus propios padres, pensando que siempre serán perfectos, que nunca van a gritar o actuar en forma irracional y que si lo hacen, son culpables de un daño sicológico a su propia psiquis

Es vital entender que la única vía para criar con respeto a un hijo es el ejercicio del respeto por uno mismo como ser humano. Muchos padres en el frenesí de buscar el mejor camino para relacionarse con sus hijos empiezan a abandonarse ellos mismos, dejando de lado sus propias necesidades, invalidándolas, castigándose por reaccionar y comienzan a acumular sentimientos muy negativos sobre sí mismos y la crianza.

Una de las cosas más importantes que le dejaremos a nuestros hijos en la vida es la construcción de una autoestima positiva y la mejor forma de hacerlo es demostrarle con hechos, con nuestra propia vida lo que eso significa. Unos padres en paz consigo mismos son el mejor ejemplo para sus hijos. Un padre atormentado y angustiado por lo que quiere transmitir solo legará incertidumbre a su hijo.

La crianza respetuosa exige un alto grado de dedicación emocional de los padres con los hijos y por esa razón es básico el equilibrio emocional.
Nadie que se sienta consumido por las necesidades de otro puede relacionarse sanamente. Un padre que siente que el ritmo de su mundo es guiado por las necesidades de su hijo las 24 horas comenzará a resentir su papel muy silenciosamente traduciéndolo en mal humor y frustración.

No existen recetas para criar y menos para evaluar su efectividad. La única gran medida debería ser los niños que son producto de ese ejercicio, por la felicidad y la salud emocional de esos pequeños seres que criamos y no solo en nuestro nido sino en el mundo exterior que es, al final hacia donde ellos van.

Hay miles de caminos para criar hijos en forma respetuosa. Hay miles de formas de criar hijos independientes, seguros de sí mismos y felices y ninguna exige al padre ser un superhumano. Todo lo contrario, en la medida en que el padre entre en contacto con sus propias necesidades y alcance su equilibrio interno será un ser humano mucho más pleno en total capacidad de enseñar con amor, respeto y consideración.

Fuente: inspirulina